domingo, 26 de febrero de 2012

En el camino que se nos antoje




El tiempo nos ha dicho por donde debemos caminar, y si bien no es mucho el rumbo recorrido, son varias las rutas que ya han caído.

Bajo los pies de los viajeros aparece una huella de "libertad", propia de quien respeta las miradas ajenas y de quien sabe correr sin golpear a los demás.

Y es en esa carrera descubrimos los senderos infinitos, luminosos y atractivos, pero sólo cuando logramos respirar, con amplia magnificencia y en compañía de la eternidad.

Entonces aparecen las melodías melancólicas que nos recuerdan el inicio del viaje, pero no es tristeza lo que nace, sino alegría de saber que hemos encontrado el mapa de nuestra "estabilidad".

Gracias a ella jugamos al ir y venir entre la resiliencia, aquella que hemos creado dentro de nuestro pequeño mundo, más allá de los arreboles, más allá de las madrigueras, más allá del más allá pero con un lugar al que podemos llamar hogar.

jueves, 16 de febrero de 2012

Despertares




Un despertar de explosiones neuronales, perdidas entre luces de noche urbana, sólo para escuchar el llamado de un ave insomne en el balcón.

Un grito al espacio para sacudir la sombra del velo siniestro, con pincel en mano preparando un nuevo invierno, en pleno verano bajo tiza y sol.

Un comienzo de la mano del final, danzando como niños que celebran la victoria de inocencia, corrompiendo el pensamiento estático para iniciar la caida inversa.

Un tropiezo en derroche sin sentido, amando lo absurdo, abrazando nuevamente las tangentes silenciadas bajo la monotonía de cualquier día.

martes, 18 de octubre de 2011

Siempre puedes romper la brújula

A veces cuesta mirar directo al sol, no por temor a perder la vista ante la magnificente avalancha de colores que entrega el horizonte, sino por el miedo a observar con claridad la eufórica respuesta que ronda durante las noches insomnes.

El problema es que mientras los pies evitan danzar al ritmo de aquella réplica, la mente se pierde entre los caminos que ya se han iluminado con pequeños rayos rebeldes, de esos que decidieron escapar en una trayectoria irregular... ya sabes, como inexistentes olas tambaleantes, pero inundadas de fractalidad.

Es entonces cuando abordas tu embarcación imaginaria y comienzas a viajar en círculos alrededor de tu mundo intrapersonal, observando en detalle la construcción obsesiva que has rearmado una y otra vez, y pensando qué tan dispuesto estas a crear una nueva tangente que te permita ampliar el universo al que llamas “vida”.

Partir de cero y plantear una “meta” no es parte del plan que establecen las voces de madrugada, pero sí queda dentro de un pequeño rango de aceptación para decir “ok, es hora fluir quizás con un mínimo, ínfimo y casi imperceptible norte”, claro, dejando siempre abierta la posibilidad de romper la brújula y lanzarse a las aguas que te llevan a “donde sea”, pues de lo contrario, ¿de qué sirve navegar, si ya sabes donde tu navío va a atracar?

lunes, 10 de octubre de 2011

A veces despertamos un tanto desafinados

Podría ahogarme en melodías y asfixiarme entre acordes en el mar del tiempo, y aún así seguiría sintiéndome complejo, con el peso de la composición entre mis manos y el frenesí menor armónico entre mis dedos.

Caminaría miles de millas con la guitarra en la espalda, sobre compases de asfalto y silencios de cemento, para crear un nuevo universo, donde florezca mi mundo paralelo.

Me lanzaría sin pensar hasta el fondo del ritmo ardiente, distorsionando percusiones de abundantes colores, sólo para observar como explotan las ideas lanzadas hacia el firmamento.

Interpretaría una vez más tu infinita creación, con la perfecta lírica y el mejor “show”, terminando así con el letargo que el mundo abrazó, quitando máscaras y cantando a la libertad en sol mayor.

Decodifiquemos el color del día

Desentonemos epitafios interpretados en do mayor, vociferando historias de una travesía sempiterna, para así sintonizar señales de lejanas tierras ajenas al color.

Desadaptemos engranajes de oxidadas máquinas que escupen contextos, para que no vuelvan a rotular la carga que los incautos han dejado sobre sus cabezas.

Desintoxiquemos el aire que se alberga en el corazón, para que el color de muerte se torne en arreboles de una nueva cacería, en libertad de opinión y amplitud de expresión.

Desentendamos la ironía del día, cambiando el rumbo de los pasos temblorosos que obligan a tropezar con nuestro propio calzado de papel.

Desentonemos hasta la última melodía, para que nuestras nuevas líricas tengan el sabor que ni el más sabio antes probó.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Alguna vez te has preguntado por qué nos dejamos atrapar en el frío y acelerado ritmo del torrente social?

Delorean. by Penquista Insomne
Delorean., a photo by Penquista Insomne on Flickr.

Quizás a muchos les ha pasado, el hecho de llegar a ese instante en que, a pesar de ser adictos a los detalles y a los pequeños momentos efímeros, nos encontramos dando vueltas en la corriente, como un autómata más de aquel ejército que diariamente recorre las calles de luminosas ciudades, con el rostro en blanco y la expresión olvidada en cuentos de antaño.

Puede ser bastante desagradable llegar a ese momento, pero sólo si realmente aprecias el escape a tu mundo interior, pues de no ser así te encontrarás en una situación tan agradable y familiar que no generará ruido alguno en tu circuito personal.

Cuando ese ruido sí aparece, es cuando realmente nos damos cuenta de que por un momento nos quedamos completamente dormidos, olvidando la esencia de quienes suelen observar el cielo, de quienes se detienen a contar los colores del diminuto cristal enterrado en la retina, y de quienes no dudan en recoger aquel trébol de cuatro hojas que sólo ellos podrían divisar.

La pregunta es: ¿qué nos impulsa a cerrar los ojos?... Pues podría ser -en algunas ocasiones- comodidad de la vida “sencilla”, que quizás nada tiene de sencilla, pero que si evita los constantes cuestionamientos que por lo general te mantienen en un eterno insomnio, aquel que te ayuda a crear, a fluir, a volverte un tanto demente a ratos y a sentir la libertad de tener un mundo propio en el cual nadie más que tú puede ingresar.

Ahora bien, si realmente somos capaces de cerrar los ojos ante aquella libertad, quizás es por el cansancio que esta implica, ya que asumir la capacidad de elegir se ha convertido en un verdadero desafío para quienes juegan entre la realidad social y la personal sin olvidar las raíces de la imaginación.

A la larga, el peso de tener tanta libertad en las manos, de decidir absolutamente cómo construyes tu mundo, y de crear la realidad al antojo del caos interno, genera una fatiga que nos hace olvidar aquellos detalles que nos mantienen vivos.

¡Pero rayos!, a ratos se convierte en una verdad el asumir que “cansa el hecho de estar vivo”, y por muy extremo que suene, el tinte de aquella frase es más cierto que las marcas del tiempo, pues el tomar las riendas de una historia que se escribe sin detención es como tratar de instalar nubes de papel en la puerta de un tren en movimiento.

Cansa el asumir los hechos, cansa el crear la vida, cansa el decidir los caminos, cansa el asumir el peso del día mientras seguimos pintando el cielo a nuestro antojo con la tinta cayendo en nuestros ojos y el calor de la tarde ardiendo en nuestros dedos.

En lo personal, prefiero morir de cansancio a volver a dormir entre un marea de autómatas que olvidan lo mágico de sentarse en el pasto a conversar con la brisa del atardecer.

sábado, 8 de octubre de 2011

Inmóvil

Bajo una arquitectura irregular se erige esta ciudad desvalida

Donde se malgasta el silencio entre el eco de la respiración

Donde se inhala el aroma cautivador de los muros sin color

Sin reflejos de lo que pudo ser un camino planificado en páginas arrugadas

Y con descripciones temblorosas de lo que se observa en el interior

Bajo una lluvia de sueños petrificados se escurre el tiempo

Conectando los puntos distantes del esquema roto para trazar la fractalidad

Entre disparos torpes que apuntan a ciegos sinfines

Entre las calles vacías para el errante que busca una pista del futuro cercano

Sintiendo cada segundo como el primero de muchos años atrás

noches insomnes

Se me caen las horas por la retina

Buscando refucilos entre vacíos espacios

Contando astros para saciar el deseo inquieto

Encontrando quizás un cielo virgen para llenar de dibujos nocturnos


Se me abren los ojos cuando llama cronos

Trazando horizontes de forasteros parajes

Pintando viajes cubiertos de sonidos, melodías y ruidos

Diluyendo viejas historias en la ribera de un imaginario torrente


Despierto agitado entre el rocío

Descalzo para correr por la fría tierra de tinieblas

Atento para observar el ínfimo brillo de la propia mirada

Esperando por un nuevo amanecer para decir adiós a la noche insomne

viernes, 30 de septiembre de 2011

Algo más que nada

fin del camino. by Penquista Insomne
fin del camino., a photo by Penquista Insomne on Flickr.

A ratos se me aparece ante los ojos la obsesiva idea de “nada”, rebuscando entre los labios el concepto para comenzar a viajar en cada una de las tangentes, descubriendo capas de mentiras mal contadas y desentramando pequeños episodios en explosivas victorias.

El insomnio se apodera de la noche cada vez que la ausencia de la idea se convierte en el significado de “nada”, eternamente para dignificar el vocabulario que reitera cada segundo de la búsqueda.

Y al final del camino vuelvo al comienzo y otra vez “nada” es algo, y de mayor valor que cualquier otra palabra lanzada al aire sin siquiera adentrarse en el pequeño mundo que contiene cada letra.


Es así como la ausencia de presencia se torna magnifica cuando el espacio a llenar es infinito, como el fin de la búsqueda para encontrar la entrada al enorme universo que se contiene en algo tan “simple” como “nada”.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Arreboles agónicos.

Ellos saben que todos lo saben, pero en realidad nadie tiene la idea de la complejidad luminosa del pensamiento.

Sólo quien quiera echar una mirada por la ventana y alzar la vista hacia el fin del infinito, podrá realmente ver lo que se siente al caer en el pasto húmedo con gotas de rocío azul.

Sólo quien quiera abrir la boca para inhalar el aliento del otoño, podrá saborear los colores del atardecer, con cada caricia de luz que suavemente recorre el rostro, con cada susurro del viento pidiendo más gritos de libertad.

Sólo quien sepa lo que es estar solo, podrá abrir la puerta del cuarto infinito, lleno de vacío para los vacíos, pero repleto de colores para quien no teme a la nada.

Ellos saben que todos lo saben, pero sólo "nadie" comprende lo que realmente significa, más allá de la pared, más allá del velo, más allá del imaginario y más allá del más allá.

No somos infinitos, ni tampoco tenemos fin, somos mucho más que eso… simplemente somos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Una carta desde el atardecer.

Sin muros que refugien está barahúnda idea, se me escapan los gritos exaltados y eufóricos, escalando por el sendero de la presión arterial, hasta llegar al coma más profundo que precede al despertar.

Una vez abierta la puerta ilusoria, es el cuerpo maltratado quien decide emprender el viaje, en busca de las mañas escurridizas que durante la marcha se fugaron sin parpadear.

Y así continúa el ballet del firmamento, jugando con estrellas agónicas que claman por luz propia, charlando con dibujos de antaño entre osados poemas y escribiendo entre papeles de mayor complejidad, pero de aquella que nunca fue dejada atrás.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Retorno y fuga

Luces doradas atraviesan su cráneo mientras se recuesta en un ataúd de plumas,

esperando… sí, esperando por el arribo de las olas matutinas,

esas olas de torrente violeta, sanguíneo y cerebral,

aquel impulsado por el aire que se escapa

de sus palabras temblorosas,

divagantes,

somnolientas,

pobres de contenido y difíciles de pronunciar.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Espirales en la retina



Guiados por la música de la antesala decidimos levantar el telón de la fractalidad, para observar la danza de los espirales, que absortos en frenesí nos han dejado durante las últimas décadas.

Es por eso que recorrimos kilómetros de ideas en la carrera para tomar el mejor puesto, convirtiéndonos en desesperados observadores, de rupturas en la luz del amanecer y de destellos de sombra al envejecer.

Nos divertimos a carcajadas cuando el humo nocturno se disipa, a la espera del llamado matinal de grueso calibre, que para el insomne ente es una distracción afable de aquellas horas de eternidad.

Después de todo somos receptores de nuestros sueños, que lanzan disparos de aurora para impulsar la nave de la cual ya no nos queremos separar. Es un ahora o nunca, es simplemente ser, estar y caminar.

Doctorado en porrazos

De la cima a la sima de vez en cuando, buscando cada vez más, fomentando.

Atornillando nociones en lugares exactos, separando más bien, mentalizando

Del suelo al cielo en viaje y conceptos, levantando el vuelo y al fin, concretando.

Dibujando espacios para llenar por entero, sembrando el campo, realizando.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Pasos descalzos

Separados del resto comenzamos a observar las grietas del día, absortos en la contemplación del tiempo estático, como si la lluvia detuviese su caída entre carcajadas de invierno.

Pisoteando las calles de arenisca jugamos a correr con los ojos cerrados, esquivando los baches que los años dejaron en la historia antes escrita.

¿Pero por qué nos quedamos en ese lugar cuando podemos caminar sin rumbo? … es sólo una pausa para capturar el aire de papel que encierran las nubes de primavera, es sólo un momento para observar cómo el mundo se cae a pedazos, antes de partir en los brazos del reloj de arena.

Es así como continúa la canción del errante viajero que gusta de interrumpir nuestras fábulas, e instalar su campamento temporal en la portada del libro recién estrenado.

Al final, sobre una bicicleta imaginaria perdemos el sentido, buscando absolutamente nada, llenando de dulces ausencias el morral que con tanto esmero hemos colgado en nuestra espalda, sintiendo el liviando andar de los días para decir, al fin he regresado.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Esclavos de la gravedad




Insomne idea prepotente, insolente, mítica y silente

Apropias las teorías de tinta ajena para tu huída deslenguada

Cobarde, desvergonzada

Primigenia percepción de la tierra húmeda aún

Corre con ácida memoria entre la pradera desterrada

Busca tu norte, tu sur y tu oeste

Para que la frontera sea tu México ahora y siempre

Sin embargo nada obtendrás de esta mente

Ya que sólo quieres soledad para salir victoriosa

Sin embargo, sin tangente

No hay escape para la voz desadaptada

Resurrección




Tomando los brazos quebrados por la última brisa de otoño

Se aprecia mejor la suave caída del sol entre los hombros del horizonte

Para así abrir la boca y dejar salir el infierno

Quemando las pestañas que atoradas quedaron entre labios y regañadientes

Eremíticos viajes para olvidar el pasado y continuar

Sin cargar pecados desgraciados fuera de este mundo

Creando segundos de libertad entre el fuego del amanecer

Soñando con soñar y abrir la escotilla de la imaginaria embarcación

Así abrazando los acordes histéricos se puede correr sin rumbo

Para darle sentido al camino que libre de esquemas escapó

Para recorrer laberintos sin miedo a la asfixiante luz

Para ser una gota de sangre que fluye sin pedir perdón.